Balazo nº38

Tauro pide en la barra pero será Sagitario quien pague la ronda. La herida de mis labios cicatriza despacio, lo tengo aprendido. Horóscopos equivocados. Como todos; no iban a librarse ellos de errores más viejos que el mundo. Y luego algo de comer.
Como en una de ésas imágenes de Andrew Wyeth, tu imagen pasa fugaz tras la ventana. Mi memoria te guarde, mujer sin sombra.



Llevaba ya algún tiempo sin pasarme por aquí, y lo cierto es que tardaré poco en dejar el revólver sobre la mesilla. Estoy algo cansado de los disparos. Me dedicaré a otra cosa y seguiré escribiendo, pero a ver como lo hago. Ya lo iré pensando. Entre tanto voy y vuelvo de viajes que no hago y me baso en el principio de incertidumbre para pensar que, igual que le ocurría a aquel escritor con Clara, las cosas serán diferentes cuando salgamos de la bañera.



Al principio pensó que era una casualidad, pero cuando por cuarta vez aquel estúpido camarero le trajo un café con leche en lugar del té solicitado, la joven levantó la mano y lo hizo volver sobre sus pasos.
– Disculpe- le dijo. Y antes de que pudiera decir nada más el tipo la interrumpió.
– Menos mal. Ya creí que a pesar de tanto mirar no iba a decirme nada. Aquí tiene mi teléfono-. Y le tendió una tarjetita impresa con un nombre y un número telefónico.
– Claro – pensó ella. – No existen las casualidades-.



A ella, dueña del sur y de una playa entera, le resultan difíciles de comprender las casualidades. No acaba de entender porqué suceden, o porqué no se dan más a menudo. Le gustaría que todo tuviese un sentido completo. Dice que las coincidencias son como chispazos, que surgen de pronto y no tienen una explicación concreta. Quisiera explicarle algunas cosas, pero me llevaría demasiado tiempo y prefiero hacerlo cuando salga el sol. Que comparta su playa.
Hablando con ella la casualidad lleva tiempo sin aparecer por su vida (y por la mía, de paso), y se queja un poco de que no salta la chispa. Creo que esos fogonazos se dan tan poco que a veces los provocamos nosotros mismos. Ilusiones algo estúpidas, porque después viene la decepción.
Sería bueno que nos fijásemos cuando ocurren de verdad. Si frenamos demasiado en los ojos del otro. Si nos sale sonreír. Debería bastar.
No se puede estar siempre enamorado, si no las veces que se está tendrían menos sentido. Y además no sería igual de mágico si ocurriera cada domingo.
Lanzarse a las miradas. Regalar la risa. Y mar y playa. Y dejarnos sorprender. Fuego.

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